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AMY (La chica detrás del nombre) (Asif Kapadia, 2015)

El apabullante documental que el director londinense Asif Kapadia ha realizado sobre Amy Winehouse exige un par de preámbulos que se me presentan indispensables antes de abordar su crítica. El primero sería escuchar la música de la que ha sido la última gran diva del jazz (a ser posible el binomio Frank (2003) y Back to Black (2006), sin olvidar el póstumo Lioness: Hidden Treasures (2011) para completar la trilogía), imbuyéndose de su extraordinario feeling y gusto al cantar.

Y el segundo, recomendable para saber por dónde dirige su mirada Asif Kapadia, ver su anterior y alabadísimo documental Senna (2010) buscando concomitancias y ecos de estilo, que los hay, y muchos.

Bien provistos de lo citado anteriormente, uno se puede atrever a escribir algo sobre Amy (no citaré más el poco afortunado añadido del título en castellano, puesto que hay veces que uno se cuestiona si la inspiración es buena consejera). Desde el principio el documental se empeña en acercarse todo lo posible a la vida de la finada cantante, partiendo de unas imágenes caseras grabadas por gente de su entorno, desde amigas íntimas a familiares y managers. La confianza que Kapadia y su equipo se fueron ganando con las personas más cercanas a Amy (sus amigas Juliette Ashby y Lauren Gilbert, su primer manager Nick Shymansky, su exmarido Blake Fielder, sus padres Mitchell y Janis o los productores y músicos que la llevaron al éxito musical) hace que sus voces se conviertan en narradores íntimos, supliendo así la impersonal voz en off que haría del documental más un reportaje que un relato cercano. En este sentido el espectador es arrastrado casi sin preaviso por el rápido ascenso a la gloria musical y la constante recaída en las drogas y el alcohol, creando una especie de montaña rusa emocional, desde la veneración por la calidad de las canciones de Amy Winehouse, hasta el enfado y la molestia por estar viendo algo demasiado personal y que en ningún momento estuvo destinado a ser mostrado en público. Incluso la película consigue incomodar tanto que uno se plantea si debería seguir sentado en la butaca o irse para no saber ni ver nada más del sufrimiento de un alma rota. Uno de los mejores de ejemplos de incomodidad lo sentimos en la visita que el padre de Amy hace a su hija en la isla caribeña de Santa Lucía durante uno de los múltiples e infructuosos intentos de la cantante por dejar las drogas y el alcohol. Su padre, Mitch, se presenta en la isla con un equipo de televisión de Channel 4 para grabar un reportaje llamado “My Daughter Amy”, algo ya de por sí bastante cuestionable. Pero hay una discusión con su hija en torno a una fotografía que unos fans se quieren hacer con ella que refleja muy bien hasta qué punto los intentos por huir del escarnio público eran totalmente inútiles. Si incluso tu padre, alguien que debería darte refugio y confianza, te acosa con cámaras, mucha salida no queda (al parecer Mitch Winehouse se ha propuesto hacer un documental propio para contrarrestar los «fallos» que considera tiene el documental de Kapadia). Con todo esto observamos que Amy ha logrado acercarse a aquello en lo que se convirtió la vida de la cantante a partir de su apabullante y repentino éxito, un espectáculo en el que Amy Winehouse era una simple marioneta en manos de una sociedad hambrienta de amarillismo. Por eso incomoda, porque nos pone frente a la cruel naturaleza del engranaje social en el que vivimos, haciéndonos consumidores de información inútil que a nosotros no nos hace daño pero que a aquel del que se extrae le afecta hasta el punto de emponzoñar el aire que respira, impidiéndole vivir con sosiego. Estas celebridades no siempre quieren serlo y mientras sigamos manejando y consumiendo la información de la misma manera, tendremos más Amy Winehouse, Diana de Gales o Kurt Cobain.

Amy-foto2-557x302Como antes hemos indicado, los “narradores” son aquellos que conocieron a la cantante, pero Asif Kapadia ha optado por no mostrar sus entrevistas en la pantalla, ya que así creaba una sensación de mayor confianza hablando con ellos. Según el director si llega a grabarles en imagen, se hubieran puesto más en guardia y no se hubieran sentido libres de contar aquello que tenía que ver con la vida de Amy. Así se evitan las llamadas “cabezas parlantes” y el protagonismo se lo lleva totalmente la cantante y su vida, que es de lo que se trata. Esto no es nuevo en la obra de Kapadia, ya que en Senna utilizó el mismo recurso y aunque a veces uno pueda sentirse perdido por no saber siempre quién nos está hablando, el poder de la historia es tan potente que eso es lo de menos. Además, otro de los elementos que el director y su equipo querían mostrar como parte fundamental de la vida de Amy Winehouse eran las letras de sus canciones, totalmente autobiográficas y que nacen de sus sentimientos más profundos y desgarradores. Verlas y entenderlas nos aproxima más al alma de la cantante y como bien dice el director, “la película trata de Amy y de sus letras”. Y añade que “la gente no se da cuenta de lo importantes y personales que para ella eran sus letras ”.

Destacar momentos de Amy sería reducir demasiado, pero aprovechando la veneración que la propia cantante tenía hacia Tony Bennett, hay dos en los que aparece el crooner y que nos gustaron especialmente. El primero es el anuncio que Bennett hace del premio Grammy a la mejor grabación del año 2008 para “Rehab”. En ese instante Amy Winehouse se encontraba en Londres (curiosamente siguiendo un programa de rehabilitación) y todo lo que ocurre antes, durante y después de la lectura del premio resume mucho lo cerca que la alegría y la tristeza estaban en su vida. El comentario que le hace a su amiga Juliette tras recibir el premio nos deja una vacía sensación tras emocionarnos por su éxito: “Esto del premio sin drogas es un aburrimiento”.

Y por último, el otro momento mágico es la grabación del tema “Body and Soul” para el disco de Bennett Duets II (que aunque se grabó en marzo de 2011, salió en septiembre de aquel año, dos meses después de la muerte de la cantante). Los nervios que al principio muestra la cantante por estar al lado de su ídolo hacen que se muestre muy insegura, pero el buen hacer de Bennett y el talento innato de ella llevan a buen puerto la grabación, que quedará como una joya del disco. Más adelante Bennett definirá a Amy Winehouse como una de las grandes, a la altura de Ella Fitzgerald o Billie Holliday. Bravo por el último crooner.

Tony Bennett is joined by Amy Winehouse to record a track for his forthcomming duets album at London's Abbey Rd Studios on 23/3/11. Photo by Mark Allan

En definitva, Amy nos enseña a una chica corriente del norte de Londres, con un talento extraordinario para la música y que fue ascendida veloz e inesperadamente a los altares desde los que la caída suele ser siempre más dura. También nos acerca a su vida más íntima, a su desparpajo, a sus alegrías, tristezas y adicciones, en un documental con una potencia audiovisual poco habitual. Podemos afirmar así que Amy abre el camino para considerar a su director, Asif Kapadia, uno de los valores emergentes en el documental biográfico más creativo. Esperemos que siga sorprendiéndonos, y por qué no, molestándonos.

-Zigor Etxebeste Gómez-