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VIAJE A SILS MARIA /CLOUDS OF SILS MARIA (Olivier Assayas, 2014)

Las nubes de Maloja, también conocido popularmente como la “serpiente de Maloja” es un espectacular fenómeno meteorológico en los Alpes suizos que se convierte en telón de fondo simbólico para la última película de Olivier Assayas, presentada en el festival de Cannes de 2014 y que ha llegado con un año de retraso a nuestras pantallas. El título en castellano alude a un viaje, lo cual no es descabellado, pero el nombre original del film nos lleva a una esfera mucho más poética para hablar de la volátil naturaleza humana con respecto a su realidad y su representación dramática.

La creencia del lugar, tal y como lo cuentan en la película, consiste en interpretar la aparición de la “serpiente” como anuncio de malos augurios. Casi desde el principio estos se cumplen, y es que el viaje a Zurich que la actriz Maria Enders (Juliette Binoche) hace para recibir un premio en honor a Wilhelm Melchior, el dramaturgo con el que comenzó su carrera como actriz, deviene en tributo póstumo, debido a la repentina muerte del mismo. Ello lleva a Maria a retomar uno de los personajes de la obra “La serpiente de Maloja” en una nueva versión teatral que se está preparando. En esta ocasión, no interpretará a la joven Sigrid, el personaje que marcó toda su posterior carrera, sino el de la madura Helena, cuyo rol marcó también el de la otra actriz que le acompañaba en la representación de hace veinte años, y que terminó en suicidio. En este casi iniciático y revelador viaje Maria es acompañada por su asistente, Val (Kristen Stewart), que es mucho más que su ayudante, al hacer las veces de Sigrid en las réplicas durante los ensayos en Sils Maria, allí donde vivió Melchior, y donde más tarde se descubre que también murió. Las lecturas en voz alta y las interpretaciones de los personajes de Elena y de Sigrid llevan a Maria y a Val a reconocerse en el texto, a reflejarse mutuamente, contándose y confesándose como amigas.  Y este viaje lo hacen a la deriva y serpenteando por la vida, muchas veces a través de su trasunto dramático, el papel teatral que están ensayando. Por ello el espectador a menudo no sabe si se encuentra ante una interpretación o ante el personaje real.

En este sentido la dirección de las actrices es magistral por parte del director francés; Binoche y Stewart llegan a escenas de gran contención y también de mucha intensidad dramática. No en vano se ha hablado de Bergman al referirse a Viaje a Sils Maria, sobre todo aquellas películas en las que el maestro sueco cuestionaba la verdadera naturaleza del cine, del teatro y de la interpretación de los actores (me vienen a la cabeza Persona -1966- o La hora del lobo -1968-, pero también Después del ensayo -1984-). Assayas es un hombre de cine, y por eso su película también recuerda a Antonioni (La aventura -1960- es una influencia clara). Pero si buscamos ecos más recientes, no tanto como referentes, sino a modo de coincidencias narrativas y estéticas, sobre todo contemporáneas, hallamos al Cronenberg de Maps to the Stars (2014) o al Polanski de La Venus de las pieles (2013). La incisión de bisturí del canadiense la podemos entrever en Assayas, aunque no de forma tan truculenta, y Polanski a su vez se cuestiona también sobre la naturaleza de la actuación y la fina línea que la separa del personaje que se interpreta.

Por otro lado, el mismo Assayas es un referente para sí mismo, y es que en algunas de sus películas también ha puesto en solfa la definición del cine como reflejo falseado de la realidad (Irma Vep -1996-, Demonlover -2002-). Sin embargo, en Viaje a Sils Maria el realizador deja de lado cierto jugueteo posmoderno que había en aquéllas y depura mucho el lenguaje visual e interpretativo en esta última. La sutileza de la narración revela a un director en plena madurez creativa y con las ideas muy claras en cuanto a puesta en escena cinematográfica. De todas formas, la inclusión de las imágenes “encontradas” del cortometraje del pionero del cine de montaña Arnold Fanck (Das Wolkenphänomen von Maloja, 1924) dotan fugazmente a la película de ese aire tan posmoderno que definía más los citados filmes de Assayas.

Antes hemos hablado de las actrices, y sin olvidar la elegancia y presencia de Juliette Binoche, es Kristen Stewart la que más destaca, ya que logra una interpretación muy contenida pero llena de equilibrio y sobriedad (consiguió el César a mejor actriz secundaria). Su afán por alejarse de su imagen “crepuscular” le ha llevado últimamente a atreverse con papeles más arriesgados y que exigen más en lo interpretativo. No sólo con Assayas, sino también poco antes con En la carretera (Walter Salles, 2012), o el breve pero interesante papel de Siempre Alice (Richard Glatzer y Wash Westmoreland, 2014). Incluso verle entre el reparto del nuevo proyecto de Woody Allen para el 2016 hace pensar en Kristen Stewart como una actriz a tener en cuenta. Por otro lado encontramos también a Chloë Grace Moretz, interpretando a Jo-Ann Ellis, una problemática y joven promesa de Hollywood, que en la obra “La serpiente de Maloja” retomaría el personaje de Sigrid, aquel con el que debutó Maria Enders veinte años atrás. Las concomitancias y las situaciones especulares con su personaje hacen que Maria la vea como una especie de contrincante, sobre todo viéndola como una actriz sin talento, que aparece continuamente en la prensa rosa y que en cierto modo, le está robando a Sigrid, el papel que le corresponde a ella. En este sentido son muy interesantes los diálogos entre Maria y su asistente Val en su estancia en Sils Maria para preparar la obra, y es que la defensa que Val hace de la joven estrella emergente conlleva una reflexión respecto a la actuación y al paso del tiempo (“no se puede ser joven dos veces” le dice a Maria). La presencia “amenazante” y latente de Jo-Ann condiciona los ensayos y la relación entre la madura actriz y su joven asistente. Y en cierto sentido, entre los personajes de la obra, Helena y Sigrid. La doble naturaleza del ser humano enlaza así con Nietzsche, cuya estancia en Sils Maria le enfrentó consigo mismo y con la moral vigente en el siglo XIX, llevándole a su expresión de “eterno retorno”. La conexión con el filósofo visionario enriquece, y mucho, la película de Assayas, sin pedantería alguna.

Por último, Viaje a Sils Maria también destaca por su hábil puesta en escena y su transparente montaje narrativo, con elementos amalgamadores como la división temporal a través de fundidos en negro (a modo de capítulos), el uso de los elementos de la naturaleza como indicadores simbólicos de los personajes (las montañas de los valles, la serpiente de nubes, la carretera sinuosa que les lleva a la casa de Sils Maria,…) y la música que acompaña el viaje interior de sus protagonistas, desde el renacentista Paavin de Albarti, pasando por los clásicos Haendel y Pachelbel (con un buen uso de su famoso canon) hasta la inesperada y contrapuntística aparición de Primal Scream.

Olivier Assayas ha realizado una película que le sitúa de nuevo entre uno de los autores más interesantes del actual cine francés y marcando un buen terreno para el cine de autor contemporáneo.

-Zigor Etxebeste Gómez-